martes, 24 de noviembre de 2009

Problemas de estética

No es un misterio que la estética juega un papel fundamental en el desarrollo de la cultura de los pueblos. Por esto, se convierte en un asunto fundamental de la educación. Lo que no es sencillo es definir qué es y qué no es una manifestación estética. Hay cientos de tratados de filósofos, sociólogos, antropólogos y toda suerte de científicos sociales que intentan aproximarnos al concepto de lo estético, de lo que es bello o feo, de lo que constituye el buen o el mal gusto. Pero, a pesar de lo resbaloso de los conceptos, las personas tienen la capacidad de identificar esas categorías en los contextos de la vida social.

El nivel de desarrollo de una sociedad se puede apreciar por la forma como los ciudadanos expresan su forma de vivir, de plasmar sus sentimientos y sus concepciones de la vida en el espacio público, en el arte, en las relaciones sociales y en todas las formas de la convivencia.

Si vemos una pareja que se trata con delicadeza, que expresa su afecto con detalles especiales, no dudamos en calificarla como una "bonita" pareja. De igual forma, podemos identificar como "feas" las relaciones agresivas o manipuladoras. El desaseo y el descuido de un edificio público, de un parque o de un colegio generan de inmediato la sensación de algo feo -y peligroso-. Y no hay duda de que un espacio agradable, bien ordenado y limpio favorece de manera particular lo que ocurre dentro.

Colegios con amplios espacios, con mobiliario bonito -que no es necesariamente costoso- y lugares amables para el descanso constituyen el punto de partida para unas buenas relaciones humanas y para el aprendizaje, entre otras cosas porque esas condiciones son creadas no solamente por la infraestructura sino por una voluntad expresa de las personas que lo habitan. De ese principio fundamental de la estética como elemento educativo surgió todo el programa de infraestructura escolar que se viene desarrollando en Bogotá desde el 2004 y sobre el cual se acaba de publicar un libro extraordinario elaborado por la Universidad Nacional y la Secretaría de Educación.

En esta perspectiva, la educación estética de los niños y jóvenes no parte de teorías y complicados textos para memorizar. Tampoco se reduce a unas horas semanales de música, danza o dibujo. Antes que todo esto, muy importante por cierto, es esencial crear las condiciones para desarrollar una sensibilidad que permita valorar "lo bello" en todas las expresiones de la vida humana. No hay verdadera ciudadanía y desarrollo humano sin sensibilidad estética, pues las más altas expresiones de la generosidad, el cuidado propio, el cuidado de lo público y el ejercicio mismo de la democracia requieren de esas características un tanto indefinibles que confieren dignidad al ser humano.

Muy llamativas en este sentido fueron las declaraciones de Michelle Bachelet, al señalar que no aspiraría a un segundo período presidencial en Chile, justamente por razones de estética.

Es decir, porque sería feo. Porque ofendería a su pueblo, porque tendría que cambiar la Constitución de su país en su provecho, y eso es feo. Simple cuestión de estética. Esta mujer admirable no esgrimió razones jurídicas, ni siquiera éticas, que las hay en abundancia. Simplemente invocó el buen gusto como criterio de Estado.

Es una lección importante para Colombia, donde la estética social está por inventar. Aquí todo parece seguir el criterio, no de lo feo sino de lo horrible. Hay que ver cómo se manosea la Constitución, cómo se tuerce la ley en beneficio de los particulares, cómo se roban los recursos públicos, cómo se invade la privacidad chuzando teléfonos, cómo se cometen cohechos solitarios, cómo acceden a las altas cumbres del poder ciertos personajes de antecedentes bien feos...

Sería interesante ver cómo estas conductas de quienes deberían ser ejemplo -los gobernantes- se reflejan en la población. Y, por supuesto, en el mundo escolar, donde los niños suelen reproducir lo que aprenden en su casa y en los medios de comunicación.

frcajiao@yahoo.com
Francisco Cajiao

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